Las imágenes de las costumbres en los textos de Ricardo Palma

1. Introducción

          Ricardo Palma (1833-1911) fue un escritor peruano cuya obra puede colocarse dentro de los límites de la llamada segunda generación romántica de América hispana, también conocida por su nombre de los bohemios (Oviedo, 1987: 258). Esta variante del romanticismo hispanoamericano estaba influenciado por el romanticismo europeo, un estilo literario que se basaba en la glorificación de la historia nacional y en la reanimación de las canciones y de los cuentos folclóricos. Pero, a diferencia de sus compañeros, que empleaban temas y motivos de la historia europea en sus obras, Palma se dirigió a la historia y al folclore de su país – Perú (Oviedo, 1987: 260).

          Estos rasgos se pueden reconocer en su obra más conocida – Tradiciones peruanas, una colección de relatos, publicada en seis volúmenes entre 1872 y 1883. El género literario de sus Tradiciones no se puede determinar fácilmente. Las tradicionesson un rebrote americano de las diferentes formas de literatura historicista – leyenda, novela histórica, crónica o narración de tema tradicional (Oviedo, 1987: 259). Historia – porque en general, poseen un trasfondo histórico. En sus relatos Palma suele introducir un capítulo “histórico” que no es, estrictamente hablando, una parte inseparable de la historia y que se puede omitir fácilmente. El objetivo de este capítulo “histórico” es acercar la historia nacional al pueblo poco letrado (Oviedo, 1987: 261). Palma también cita con frecuencia a los cronistas o introduce las fechas con el fin de aumentar la veracidad del cuento. La mayoría de sus tradiciones es colocada en los siglos XVI, XVII, XVIII y XIX. Sin embargo, su objetivo no es presentar una historia peruana verdadera, sino que contar un cuento popular o una anécdota colocada en una cierta época histórica. Las tradiciones tratan la historia, pero de una manera oblicua, porque los eventos importantes no suelen ser el foco de interés del autor. Por lo tanto, el escritor da vida a los incidentes que se refieren a los acontecimientos históricos que, por un lado, sacan a la luz las debilidades humanas y las idiosincrasia y, por otro, dan un ejemplo de valentía e integridad (Compton, 2003).

 2. Tradiciones peruanas – la obra

          Como ya se ha mencionado, el punto de partida de las Tradiciones era, por lo general, un dato o episodio histórico, escrito o recogido oralmente (Oviedo, 1987: 262), que Palma utilizó como transfondo para contar una historia popular, una anécdota o aun para hablar del origen de algún refrán (por ejemplo, es el caso del refrán ¡Pues, bonita soy yo, la Castellanos! en el cuento del mismo nombre). El autor acerca estas historias al pueblo dirigiéndose a ellos con palabra lector y nunca sale de su posición de un “cuentista” que añade comentarios y que hace bromas. El uso de la lengua vulgar y popular - “zurcidora” (Don Dimas de Tijereta), coplas populares -“Si yo me viera contigo,/ la llave a la puerta echada,/ y el herrero se muriera,/ y la llave se quebrara…” (¡Pues, bonita soy yo, la Castellanos!) y frases populares (“¡Ijurra! ¡No hay que apurar la burra!) también ayudan a establecer la conección narador – lector.

          Tradiciones peruanas represantan un conjunto de personajes diferentes: los esclavos, los criminales, los sacerdotes, las mujeres deshonradas o celosas. El autor somete a sus personajes al ridículo y de esta manera se burla de ellos y del grupo al que pertenecen. Por lo tanto, muchas de sus historias pueden ser vistas como sátiras. Por ejemplo, en la historia Dos palomitas sin hiel el autor se burla de las mujeres superficiales, diciendo: “Empezaron por medirse de arriba abajo y esgrimir los ojos como si fuesen puñales buidos.“ Sin embargo, a pesar de una variedad de personajes y eventos, el autor repite los mismos temas y situaciones a lo largo de la obra: el tema del honor perdido, el tema de la superficialidad de las mujeres, las historietas de venganza, las que se resuelven mediante la presencia del diablo, etc. (Oviedo, 1987: 263)

          La estructura de sus historias es también repetitiva: además de los eventos principales que se narran, siempre hay muchas digresiones (los que hablan de la historia, los comentarios del narrador y sus chistes sobre el tema del que se habla) y los diálogos entre los personajes, lo que contribuye a dar la vivacidad a la escena y perfil de los personajes (Oviedo, 1987: 262).

 3. Las costumbres en Tradiciones peruanas

          Bellini escribió sobre Palma y sus Tradiciones peruanas siguiente: “En sus páginas realiza un mural extraordinario de las costumbres peruanas.” (Bellini, 1997: 287) Es cierto que en las Tradiciones peruanas podemos rastrear muchas costumbres y creencias peruanas y aprender sobre el modo de vivir de los Peruanos, desde el Imperio de los incas hasta el siglo XIX.

          Palma no solía escribir historias sobre el período anterior a la llegada de los españoles, probablemente porque la historia de la época incaica no estaba bien documentada. Sin embargo, la historia Palla-Huarcuna expone brevemente las principales creencias y costumbres de los antiguos incas: la práctica de sacrificar los humanos, la creencia en animismo (creían que en los objetos vivían los espíritus, en este caso se trata de una roca que devora a toda la gente que pasa la noche cerca de ella) y la existencia de los oráculos.

           3a. La tradición y el valor principales: catolicismo y honor

           Por supuesto, cuando llegaron, los españoles trajeron sus costumbres y tradiciones, que han sobrevivido en el Nuevo Mundo hasta ahora, pero se iban cambiando en el contacto con los indígenos, hasta que se creó una nueva cultura – cultura peruana (en términos generales – hispanoamericana). Las dos cosas más importantes que los españoles trajeron al Nuevo Mundo fueron: 1) catolicismo, junto con la poder de la Iglesia y de la Inquisición y 2) la división entre los nobles y los innobles, entre los ricos y los pobres, junto con el concepto del honor y de la honra.

          Al igual que en España, la vida en las tierras conquistadas giraba en torno a las misas, bautizos, matrimonios, funerales, confesiones, procesiones y fiestas, por lo general en honor a algún santo (Compton, 2003). Todos estos elementos están presentes en Tradiciones peruanas, donde el autor a menudo se burla de las prácticas de la Iglesia y de los eclesiásticos. Por ejemplo, la historia ¡A iglesia me llamo! afirma que el poder de la Iglesia superaba a la ley. En este cuento, la Iglesia ofrece refugio a una asesina, sin embargo, tiene un castigo por el sacrilegio: “La pena canónica era raparle la mano y pasarla por el fuego.” La excomunión era también uno de los medios de castigo de la Iglesia y también uno de los temas comunes de las Tradiciones peruanas. En la historia Una excomunión famosa, Palma presenta la práctica de la excomunión diciendo: ”[…] La Iglesia había dado en la flor de tomar cartas en todo y para todo, y por un quítame allá esas pajas le endilgaba al prójimo una excomunión mayor que lo volvía tarumba. Sin embargo de que era frecuente el espectáculo de enlutar templos y apagar candelas, nuestros antepasados se impresionaban cada vez más con el tremendo aparato de las excomuniones. […] Aquel día las campanas clamorearon como nunca; y por fin, después de otras imponentes ceremonias de rito, el ilustrísimo señor arzobispo fulminó excomunión mayor contra el ladrón de la estaca.”

          Los conceptos del honor y de la honra también fueron trasladados de España al Nuevo Mundo. El honor se refería a la pureza de sangre, o sea, significaba que una persona nacida en España (peninsular) era superior a la persona nacida en el Nuevo Mundo (criollo). Bajo de los criollos eran los mestizos, los indios y los negros. Esta división está claramente presentada en la historia ¡Pues, bonita soy yo, la Castellanos! Los personajes principales de la historia Carta canta son dos esclavos indios y a quienes los peninsulares trataban como si hubieran sido una raza inferior.

          En el mundo femenino perder la honra significaba tener relaciones sexuales antes del matrimonio y en el mundo masculino matar a un hombre. La pérdida de la honra y la necesidad de defenderla era otra tradición que llegó a Perú de España. Está representada en muchas historias, por ejemplo en Mujer y tigre, donde una mujer busca venganza a causa de perder su honra; en La monja de la llave una monja pierde su honra y lo esconde de su padre; Amor de madre representa a una madre que sacrifiza su propia honra para que la honra de su marido sea salvada.

          En el siglo XVI, los que cometían los crímenes más graves se castigaban con la muerte en la horca, en público (Mujer y tigre, Los azulejos de San Francisco, Justos y pecadores) y a las rufianas y encubriadoras la Santa Inquisición las hizo pasear las calles en bestia de albarda, con chilladores delante y zurradores detrás” (Don Dimas de la Tijereta).

         3b. Otras costumbres y novedades españolas en el Nuevo Mundo

          Los españoles en el siglo XVI también introdujeron al Perú nuevos alimentos. En la historia Carta canta se mencionan, entre otros: el trigo, el arroz, la cebada, la caña de azúcar, lechuga, rábanos, coles, espárragos, ajos, cebollas, etc. Los conquistadores también trajeron animales, incluso bueyes (Carta canta)y accidentalmente los ratones (La excomunión famosa). Todas estas innovaciones cambiaron el mundo de los nativos muchísimo.

          Con peninsulares también vino la nueva moda. La historia Los caballeros de la capa nos presenta la costumbre que existía en Perú en el siglo XVI con respecto a la ropa de los hombres: “Así en los tiempos antiguos nadie que aspirase a ser tenido por decente osaba presentarse en la vía pública sin la respectiva capa. Hiciese frío o calor, el español antiguo y la capa andaban en consorcio, tanto en el paseo y el banquete cuanto en la fiesta de iglesia.” Las mujeres, por otro lado, como aprendemos de la historia La conspiración de la saya y manto llevaban sayas, que eran un tipo de faldas largas y mantos. El manto de aquel tiempo se llevaba envuelto alrededor de los hombros y la cabeza de tal manera que sólo un ojo quedaba descubierto, así que eso era una manera muy eficaz de ocultar la identidad de uno.

          Desde el siglo XVII fueron introducidas las costumbres de las tertulias (reuniones sociales de amigos). El anfitrión y los invidatos pertenecían a la nobleza, quienes durante las tertulias jugaban “una partida de chaquete, tresillo o malilla de compañeros [juegos de cartas], obsequiábalos a toque de nueve con una jícara del sabroso soconusco [chocolate] acompañada de tostaditas [rebanada de pan tostado con mantequilla o miel] y mazapán almendrado de las monjas catalinas” (Un drama íntimo).

          El autor a veces también menciona otros interesantes costumbres de las épocas pasadas. Así nos enteramos de que la gente antes también tenía perros como animales de compañía (La excomunión famosa, ¡Pues, bonita soy yo, la Castellanos!) y que incluso entonces existía la tradición de la siesta (¡Feliz barbero!). También nos enteramos de que los hombres a menudo trabajaban de mineros (Justos y pecadores) y que jugaban a los dados (¡A iglesia me llamo!, Amor de madre). Hablando de niños, se debe destacar que era una costumbre cortar las trenzas a una niña traviesa (¡Barbero feliz!) y que los niños jugaban el juego llamado corregüela, en la que se, como la palabra lo dice, corría. Mayoría de las mujeres eran analfabetas: “[…] no se les enseñaba a escribir por miedo de que se carteasen con el percunchante” (La conspiración de la saya y manto).

          3c. Las costumbres perservadas de los indígenas americanos

          Aunque los españoles trajeron un montón de nuevas costumbres y tradiciones al Nuevo Mundo, los nativos perservaron algunos de suyos, como su música – cantaban canciones tristes llamadas yaraví, acompañados de los tonos de la quena, un tipo de flauta (El Cristo de la Agonía). Pero tal vez la tradición de los nativos más imporante que se ha mantenido en America hispana hasta hoy (aunque fuertemente influenciada por el catolicismo) es su creencia en los espíritus. Esto está muy bien descrito en la historia Carta canta, en la que dos esclavos indios creen que la carta habla y que revelará sus mentiras a su patrón. Los nativos también creían (y muchos pueblos todavía creen) en el Diablo y en las brujas. Una costumbre relacionada con esta creencia se describe en la historia El cigarrero de Huacho:“Añeja costumbre es en nuestros pueblos hacer por Pascua de Resurrección un auto de fe con la efigie del apóstol que vendió a su Divino Maestro por la miseria de treinta dineros. Pero los huachanos no condenan al pobre Judas a la chamusquina; antes bien lo compadecen y perdonan, pensando piadosamente cuán grandes serían los atrenzos de su merced cuando por tan roñosa suma cometió tan feo delito. La víctima que sacrifican los huachanos es la imagen del desventurado don Dionisio.”

 4. Conclusión

          Las Tradiciones son muy importantes para la literatura popular peruana, puesto que representan un fuente de leyendas e historias populares, que ahora pueden servir como un base romántico para la creación de los cuentos o de las novelas modernas. Es importante notar que las Tradiciones peruanas de Ricardo Palma se pueden comparar con la obra de Vuk Karadžić en Serbia, ya que ambos intentaban revivir el folclore y las leyendas nacionales y acercarlos a la gente mediante el uso de un lenguaje sencillo, los refranes, frases y coplas populares. La principal diferencia es que Palma añade a sus tradiciones un toque personal: el sarcasmo y el gusto por el humor.

 

Bibliografía:

1. Bellini, Giuseppe. Nueva historia de la literatura hispanoamericana. Madrid: Castalia, 1997. 287-288.

2. Compton, Merlin D. “Introduction to the Translated Traditions.” Peruvian Traditions: Ricardo Palma’s Latin American Historic and Folcloric Tales. 2003. OoCities – Geocities Archive. Web. 28. 12. 2011. <http://www.oocities.org/athens/oracle/7207/peruviantraditions.htm&gt;

3. Oviedo, José Miguel. “Tomo II: Del Neoclasicismo Al Modernismo.” Historia De La Literatura Hispanoamericana. Madrid: Cátedra, 1987. 257-265.

4. Palma, Ricardo. Tradiciones Peruanas. Wikisource. Web. 27. 12. 2011. <http://es.wikisource.org/wiki/Ricardo_Palma&gt;.

 

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Las especificidades del naturalismo hispanoamericano a través del analisis de la novela Santa

1. Introducción

Santa (1906), la novela del escritor mexicano Federico Gamboa, es sin lugar a dudas, una de las pocas novelas hispanoamericanas que ha sido tan intensamente estudiada en referencia al naturalismo, un estilo literario que surgió en Europa a finales del siglo 19. Sin embargo, las tendencias europeas alcanzaron América del Sur con un retraso y, una vez allí, empezaron a adquirir las características nuevas en contacto con la cultura e historia locales. Se puede decir con certeza que los escritores hispanoamericanos nunca han abrazado el puro naturalismo de Zola, sino que lo convirtieron, sobre la base de su patrimonio literario y la tradición, en un tipo de “naturalismo hispanoamericano”. Este tipo específico del naturalismo, que floreció en Hispanoamérica, tuvo su eco en México y por lo tanto, en la famosa Santa también.

 2. El naturalismo hispanoamericano

Como ya he dicho, el naturalismo hispanoamericano se formó sobre la base del naturalismo europeo (es decir, francés), pero fue remodelado en Hispanoamérica, gracias a la fuerte influencia de los estilos literarios coexistentes: el romanticismo y el modernismo (Prendes, 2003: 17).  Además, también adquirió el típico marco hispanoamericano (en el caso de Santa, el mexicano), así como los problemas políticos y sociales que se prolongaron a lo largo del continente.

2.1. Las raíces: el naturalismo francés

Émile Zola, el padre del naturalismo, expuso la poética del nuevo estilo literario en su obra La novela experimental. Él tenía la intención de transferir el método experimental de las ciencias médicas a la novela, que básicamente suponía: 1) la introducción del determinismo de la herencia y del medio ambiente, junto con la negación de cualquier tipo de la fuerza divina o del libre albedrio del hombre y 2) la narración objetiva que conlleva la descripción minuciosa de los personajes y paisajes.

Las leyes de la herencia y del medio ambiente limitan al hombre y se refieren a las características heredadas de sus antepasados, o sea a los rasgos universales o de especie, que acercan al hombre a la animalidad y que fomentan los instintos sexuales y la violencia. Por otro lado, las leyes del medio ambiente sugieren que el desarrollo psicológico del individuo y su futuro son determinados por el medio ambiente en el que uno crezca. Por lo tanto, hablando de los espacios, la novela naturalista se centra en los infiernos de las ciudades afectadas por la industrialización y hablando de los personajes – en las clases bajas y los tipos marginalizados (la prostituta, el alcohólico) con la pretensión de demostrar que la fuga de este mundo cruel, lleno de pobreza, violencia y enfermedades, es imposible. A causa de esto, las historias naturalistas son historias pesimistas, en contraste con el idealismo del romanticismo.

En su uso del cientificismo, el narrador naturalista intenta ser un transmisor objetivo e imparcial de la historia, lo que supone una descripción minuciosa, incluso de las imágenes desagradables (Ordiz Vásquez, 1996: 77-79). Como corroboración de esta frase, voy a citar las palabras de Zola: ”El novelista no puede juzgar ni extraer de la novela conclusiones de la realidad que observa, sino simplemente analizar los hechos. […] No puede sacrificarse la verdad de la novela en beneficio de la moralidad.” (Prendes, 2003: 37)

Pero, mientras que los naturalistas hispanoamericanos admitieron la descripción minuciosa y realística, la presentación de los bajos fondos sociales y un espíritu amargo y pesimista, no aceptaron por completo el concepto del determinismo, puesto que este choca con el libre albedrio que propaga el catolicismo y rechazaron la narración completamente objetiva, o sea, sus obras mantuvieron el propósito didáctico y moralizador (Brushwood, 1960: 527), lo que estará demostrado en el análisis de Santa.  

2.2. Las características autóctonas

Naturalismo hispanoamericano, como ya se ha mencionado, es un estilo híbrido, que debe mucho al coexistente romanticismo y aun, algunos dicen, al modernismo (Prendes, 2003: 132). Del romanticismo proviene sobre todo el moralismo, la idealización de los paisajes naturales y el costumbrismo (Prendes, 2003: 106-116).

La situación social y rápida industrialización trajeron a las obras de naturalistas la dialéctica entre el campo, donde se preservaban las formas de vida ancestrales y los antiguos valores humanos, y la ciudad (o sea, la capital), que traía la expansión urbana y el surgimiento de industrias (Prendes, 2003: 154-155) y junto con ello, la problemática de la opresión de los ciertos grupos étnicos, los problemas económicos y diferentes tipos de las deformaciones morales, incluso el alcoholismo y la prostitución. Todas las características mencionadas van a ser mejor aclaradas en el análisis de la novela Santa.

 3. El naturalismo hispanoamericano en la novela Santa

Aunque resultaría incorrecto clasificar Santa como una novela naturalista, pues se trata de una obra híbrida que debe mucho al romanticismo y al modernismo, muchos de los rasgos del naturalismo hispanoamericano ya mencionados son, en gran medida, elementos constitutivos de Santa. Incluso Gamboa se defiende de cualquier tipo de clasificación: ”Yo no soy naturalista profesional ni jamás me afilié, en arte principalmente, a escuela ni bandería ninguna. […] Mis libros me los dictó mi propio temperamento, y si resultaron naturalistas, naturalista me quedo hasta la hora de mi muerte, ya que no sé escribir de modo diverso.” (Vásquez Martínez, 2011: 43)

 3.1. El determinismo en Santa y la dialéctica ciudad – pueblo

Las nociones del determinismo hereditario y del medio ambiente, que forman partes imprescindibles del naturalismo, no existen en Santa, por lo menos no en su forma plena y pura. Existen algunas alusiones al determinismo hereditario en la caracterización de Santa: “[…] es de presumir que en la sangre llevara gérmenes de muy vieja lascivia de algún tatarabuelo que en ella resucitaba con sus vicios y todo” y “[…] la chica no era nacida para lo honrado y derecho”. (Gamboa, 2008). Sin embargo, estas frases no se pueden observar en el contexto del determinismo genético, porque el narrador ya antes nos había mostrado que la madre y los hermanos de Santa eran la gente honesta, con rígido moral católico. Las únicas chispas del determinismo hereditario en la obra se pueden reconocer en la barbarie ancestral. Barbarie ancestral junto con el concepto de la bestie humana se refiere a los impulses del hombre, sobre todo a su incontrolable deseo de sexo. Concretamente en la obra, Rubio desea a Santa a causa de su “enfermedad de la carne”, mientras el torrero Jarameño tiene “los anhelos casi animales” (Ordiz Vásquez, 1996: 84-85).

El determinismo del medio ambiente tampoco existe en Santa. Por el contrario, Santa crece en el pueblo Chimalistac, que corresponde a un entorno feliz y familiar, o sea, a un paisaje idealizado que no tiene nada que ver con el ambiente decadente. Podemos concluir que la causa de la caída de Santa no está arraigada en los dos tipos del determinismo, sino que se encuentra en la mezcla de la presión del medio (sus hermanos y madre la echan de casa), del libre albedrio (elige prostitución) y de una especie del misterioso fatalismo, que el personaje identifica como “la fuerza ciega de destrucción invencible” (Ordiz Vásquez, 1996: 86).

A esta pureza idílica del pueblo se opone “la enorme ciudad corrompida” (Gamboa, 2008), es decir, la capital de México. La capital es el lugar donde empieza la caída de Santa: es el detonante del proceso de su degradación y decadencia física y moral, lo que concuerda con los puntos de vistas naturalistas (Bobadilla Encinas, 2006). La capital también es el centro de la industrialización y la cuña de la hipocresía (de las clases elevadas y de la iglesia), de la corrupción (de la policía), de la prostitución y del alcoholismo.

        3.2. Temas y motivos típicos naturalistas

Los motivos que predominan en la obra son naturalistas par excellance. El más evidente es el motivo de la prostitución, que abarca diferentes elementos: el prostíbulo, el burdel, el erotismo, el sexo. Es importante destacar que el personaje de la prostituta Santa se parece mucho a la Nana, protagonista del libro de Zola. También es notable el motivo del alcohol, compañero habitual de las clases humildes que hace aflorar los comportamientos animalizados (Ordiz Vásquez, 1996: 86) y por supuesto, ya mencionado, el gran punto prominente de los naturalistas – el motivo de la ciudad ruidosa y los bajos fondos que lo habitan. Todos estos motivos juegan el papel en la presentación de una sociedad decadente y coinciden con una típica visión naturalista.

         3.2.1. La política y el costumbrismo

Como ya he destacado, una de las características del naturalismo hispanoamericano era influjo del costumbrismo y de la situación política a la literatura. Siendo partidario de Porfirio Díaz, Gamboa no podía meterse en demasiados problemas con la denuncia política. Sin embargo, el escritor preserva una actitud ambivalente hacia la sociedad y el gobierno. Por un lado, las instituciones vigentes durante el segundo porfiriato (la familia patriarcal, la casa burguesa, la iglesia y los palacios de justicia) no protegen a una prostituta como Santa (Canovas, 2001: 91), pero por otro, la policía está corrompida y la iglesia, que rechaza a Santa, hipócrita.

Hablando de la actitud hacia el gobierno y también del costumbrismo, es importante mencionar la escena de la celebración de la patria (capitulo II), donde se glorifica al presidente y las madres levantan sus hijos, diciendo que su sangre pertenece a la patria. El narrador nos dice:

“No bien han nacido, cuando, todo a un tiempo, se enciende el balcón histórico, el de barandal de bronce, y dentro de un óvalo de rayos eléctricos, surge el presidente  de la República, símbolo en medio a tanta claridad, sin otras divisas que la banda  tricolor  que  le cruza el pecho y lo convierte en el ungido de un pueblo.” (Gamboa, 2008)

La realidad política y social además está representada mediante la presencia de los inmigrantes españoles (Jarameño, Pepa, La Guipuzcoana).

3.3. El lenguaje y la narración (seudo)naturalista

Las descripciones minuciosas de los eventos, personas y paisajes, sobre todo de lo feo y grotesco, coinciden con las exigencias del naturalismo. Como veremos en el siguiente ejemplo, el escritor a menudo intenta establecer el efecto de un lenguaje científico:

“Jamás vio Santa tan de cerca aquellos ojos horribles capaces de impresionar hasta a  un naturalista; blanquizcos, rugosos, opacos, con redecillas venas as que simulaban en  la convexa superficie de los globos enormes y yertos, complicadas marañas de cabellos  sucios; los lagrimales grises, con pequeños y asquerosos  conglomerados de sustancia clara.” (Gamboa, 2008)

El método de narrar de una perspectiva omnisciente, en tercera persona y describiendo en detalles, sobre todo usando la terminología científica, es un rasgo típico naturalista. A través de este tipo de narración, escritor intenta penetrar en la realidad, describir y narrar objetivamente y también explicar al lector las causas y consecuencias de la debacle moral y física del ser humano.

Sin embargo, en el aspecto técnico, el narrador no cumple siempre el precepto fundamental de ejercer como mero testigo o notario de una historia. Frecuentemente, añade al relato las reflexiones de carácter moralizador y los juicios de valor sobre las escenas que escribe. Tales son las frases “son las mujeres tan caprichosas” (Gamboa, 2008) y “pobre santa” (Gamboa, 2008), también como el uso de los signos de exclamaciones: “¡Qué institutriz ni qué diantre! ¡Prostituta envejecida y hedionda de cuerpo y alma que podía únicamente nutrir esas teorías y sustentarlas e inducir a su práctica!” (Gamboa, 2008) Este fuerte carácter moralizador y objetivo de conmover al lector vincula Santa al romanticismo.

 4. Conclusión

Las referencias principales al naturalismo que se pueden encontrar en Santa, como fue demostrado, se reducen básicamente al lenguaje descriptivo, al cuerpo de motivos y parcialmente a la narración. La obra carece de las nociones más importantes del naturalismo – la determinación de la herencia y del medio ambiente. Sin embargo, eso resulta lógico: por su inclinación al catolicismo, los hispanoamericanos no podían adoptar el concepto del determinismo, como tampoco podían excluir de sus obras la ambición moralizadora.

Esta mezcla del naturalismo francés, el romanticismo y la educación católica representa lo que se tradicionalmente llama el naturalismo hispanoamericano. Sin embargo, este naturalismo hispanoamericano desvía bastante del naturalismo genuino francés. Si guardamos la obra de Zola como paradigma del naturalismo, me atrevo decir que Santa representa nada más que una variante hispanoamericana del realismo descriptivo, que incorpora los motivos del naturalismo, y a veces, el uso del lenguaje y de la narración scientifista. Todos estos rasgos naturalistas y realistas, sin embargo, resultan incompletos y escasos. Por eso, Santa queda una obra con los elementos naturalistas y no una obra naturalista auténtica.

Bibliografía:

1. Bobadilla Encinas, Gerardo Francisco. “Santa, de Federico Gamboa, o la redención artística del naturalismo mexicano.” Espéculo. Revista de estudios literarios. 32 (2006). Universidad Complutense de Madrid. Web. 10. 03. 2012. <http://www.ucm.es/ info/especulo/numero32/santaga.html>.

2. Brushwood, J. S. “The Mexican Understanding of Realism and Naturalism.” Hispania 43.4 (1960): 521-28. JSTOR. Web. 10. 03. 2012. <http://www.jstor.org/stable/ 335967>.

3. Cánovas, Rodrigo. “Lectura Gratuita De La Novela “Santa”, De Federico Gamboa.” Revista Chilena De Literatura 59 (2001): 81-98. JSTOR. Web. 10. 03. 2012. <http://www.jstor.org/stable/40357017&gt;.

4. Gamboa, Federico. Santa. Biblioteca Virtual Antorcha, Junio 2008. Web. 02 Mar. 2012. <http://www.antorcha.net/biblioteca_virtual/literatura/santa/caratula.html&gt;.

5. Ordiz Vázquez, Francisco Javier. “El naturalismo en Hispanoamérica. Los casos de “En la sangre” y “Santa”” Anales de literatura hispanoamericana 25 (1996): 77-89. Fundación Dialnet. Web. 10. 03. 2012. <http://dialnet.unirioja.es/servlet/ articulo?codigo=52213>. PDF

6. Prendes, Manuel. La novela naturalista hispanoamericana. Evolución y direcciones de un proceso narrativo. Madrid: Cátedra, 2003.

7. Vásquez Mártinez, Ana Gabriela. “Santa En La Frontera Del Naturalismo.” Diss. Universidad Autónoma Metropolitana: Unidad Iztapalapa, 2011. Web. 10. 03. 2012. <http://148.206.53.231/UAMI15319.pdf&gt;. PDF

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Opium and English Romanticism

1. The history of opium-eating

The commencement of the usage of opium for medical purposes can be traced far back to Mesopotamia, Ancient Egypt and Ancient Greece. After years of roaming around the world, it finally arrived from the Middle East to Modern Europe in the 16th century. For the following 300 years, opium and its alcohol derivative laudanum had been prescribed for just about any illness, including asthma, different types of fever, cholera, mumps, rheumatism and physical injuries, such as wounds or fractures. Moreover, it had been commonly given to children to soothe them (Hayter, 2009: 21-25).

However, the awareness regarding the detrimental effects of this herbal analgesic and the addiction it causes, raised only at the end of the 17th century, when the number of opium addicts had already reached staggering heights. Despite these disturbing facts, opium continued to be used broadly in households almost as frequently as aspirin today. Only in the mid 19th century was its reign swayed by the consciousness-raising book Confessions of an English Opium-Eater (Thomas De Quincey, 1821) and was finally shattered in 1868, when the Pharmaceutical Industry declared it poisonous (Foxcroft, 2007: 11). The widely-spread consumption of opium and laudanum is easily explained by the fact that they were effective and inexpensive analgesics, cheaper than beer; therefore even the working-class could afford them (Hayter, 2009: 33).

2. Effects of opium

In general, the consumption of opium is divided into two phases: the early and the late phase. Practically all the beneficent effects, brought on by opium, are associated with the early experimental phase, while the late phase carries pains, as a consequence of the consumer’s attempts to wean off the drug or due to its irregular consumption.

 2.1. The early phase: reveries

Reverie is a term referring to daydreaming in a half-awake state of mind and it is related to a period when opiomans experience powerful visions. This “opium dream” cannot be equated with the regular state of being asleep, mostly because opiomans are able to control moderately their dream sequence during a reverie.

It is indispensable to stress that the content of visions and dreams brought on by opium diverges from consumer to consumer, depending on their character, temperament and environment. De Quincey was the first one to bring attention to this fact, asserting that: “If a man whose talk is of oxen should become an opium-eater, the probability is, that (if he is not too dull to dream at all) he will dream about oxen“ (De Quincey, 2004: 7). Opium, therefore, does not convey the power of lively dreaming to those who already haven’t had inspiring dreams, and to those who have had, it can provide improved visions, assembled exclusively of what has already been present in their minds. Concerning the theme of opium’s influence on writers, it can be deduced that: 1) the individual cannot metamorphose into a talented poet and experience fantastic visions as a result of opium-eating, since opium affects solely what is already present in the mind and 2) opium affects individuals distinctly, ergo – among the writers exist individual departures from the conventional effects of opium, which are about to be revealed.

Reverie introduces the feeling of floating and flying, which is related to the feeling of immateriality, ethereality, losing and merging of identity and altered perception of time and space. Considering that these experiences happen in a partially conscious state of mind, they can be controlled to a certain extent and are customarily pleasant in content. In addition, the content of reveries is predominantly passive, non-aggressive and related to the epithets of “lonely” and “distant”. Erotic visions are infrequent, as well as dreams of eating and drinking. During the opium trance, the senses do not render utterly false images to the brain, though imagination magnifies, multiplies, tinges and shapes in a fantastical manner everything a person sees, hears or feels.

       Besides the reveries, the initial sensation that occurs under the influence of opium is the decrease of tension and anxiety. In place of doubts, fears, monotony and inhibitions, the opioman gives in to serenity and confidence. The mental activity of the individual is also enhanced: the ability of associating ideas is stimulated and abstract ideas are transformed into images (Hayter, 2009: 41-49).

2.2. The late phase

In the late phase, the power of imagination lessens. The paralysis of critical capability ensues and, as a result, the writer indulging in opium cannot distinguish between their good and bad writings anymore. Opium plays memory tricks in the late phase as well: although the short-term memory is heavily damaged, certain memories (especially childhood memories) can be evoked, with the help of the “uncontrollable activity of the power of association”.

The process of weaning off the drug carries suffering and pains. Some of the most common symptoms are: nausea, cramps, cold sweat, difficulties in breathing, teeth chattering, excessive yawning, sneezing, coughing, shivering or crying and horrendous physical pains. In the late phase, the opioman can neither sleep nor concentrate on anything except on their pains (Hayter, 2009: 54-57).

         3. Opium in De Quincey’s book Confessions of an English Opium-Eater

Confessions of an English Opium-Eater (1821) represents De Quincey’s confession on opium (and laudanum) addiction, where in addition to depicted pleasures and pains brought on by opium, the book also contains his considerations on the subject of opium’s influence on literary creation. In his Confessions, De Quincy confronted the then opium studies, professing that they were:“ Lies! lies! lies!“ (De Quincey, 2004: 41) He claimed that his views on the subject of opium had originated from personal experience, while the ones who wrote exclusively about the terror of opium, possessed no experimental knowledge (De Quincey, 2004: 35). As a consequence, De Quincey’s name became notorious. He was accused of being a pernicious influence, a vile inspiration to the potential addict and there were calls for the work to be suppressed (Foxcroft, 2007: 23] De Quincey briskly reacted to the accusations: „Teach opium-eating! Did I teach wine-drinking? Did I reveal the mystery of sleeping? […] No man is likely to adopt opium or to lay it aside in consequence of anything he may read in a book“ (Hayter, 2009: 49).

 3.1. De Quincey’s experience: pleasures and pains of opium

De Quicey insisted that during the first ten years, opium had never had deleterious effects on his psychophysical condition (De Quincey, 2004: 8); on the contrary, he was full of praise for it: „Thou only givest these gifts to man; and thou has the keys of Paradise, oh just, subtle, and mighty opium!“ (De Quincey, 2004: 51) The initial symptoms of opium addiction that De Quincey mentioned amount to the effects of opium adduced in the earlier chapter.  Of the utmost importance are the pleasant reveries, that induce the dilatation of time and space. Another characteristic of the opium reverie, according to De Quincey, is “the creative state of eye increased” (De Quincey, 2004: 69]. This syntagma refers to a certain type of visions or mild hallucinations.

However, between 1813 and 1817, De Quincey was increasing gradually his opium dosis and, as a result, soon entered a period of heavy addiction, that was accompanied by tormenting nightmares, as well as by agonizing spiritual, moral and physical pains (Foxcroft, 2007: 28). He dreamt of ugly birds, snakes, crocodiles and human faces stalking him, still experiencing altered perceptions of time and space. Physical consequences of the late phase of opium-eating in the case of De Quincey coincide with the common side-effects: the loss of appetite, insomnia, stomach cramps, etc. (Hayter, 2009: 231).

3.2. De Quincey’s views on the influence of opium on literary creation

The crucial point of De Quincey’s views on correlation between opium and literature has already been mentioned earlier in the text: he believed that opium cannot provide an unimaginative mind with vivid visions, that is to say, opium cannot be the creator of a piece of art; it possesses only the power to intensify ideas or visions already present in the mind of a poet. In addition, De Quincy deemed that childhood memories constitute the foundation of opium-induced dreams and reveries (Hayter, 2009: 235), a theory which is related to the fact that, one the one hand, opium violates short-term memory, but on the other, stimulates long-term memory. According to De Quincey, the creative process of transformation of the past events into poetry, under the influence of opium, functions in three phases: 1) the opiman falls into a reverie, 2) the memories prompted by the reverie pass to a dream and 3) from the dream, the same memories once again reach the conscious mind, from which they are afterwards outpoured into literature.

Moreover, De Quincey believed that outstanding literature could be written during the late phase of opium addiction, but added that these creations would not be complete, mostly because opiomans in the late phase struggle to focus on their writings and finish them (Hayter, 2009: 113-117).

4. Coleridge and opium

Following the example of De Quincey, Samuel Taylor Coleridge, another English writer, began using opium and laudanum as a medicine for his health problems, and after that the well-known course of rising opium addiction ensued. Coleridge attempted to repel the powers of opium and put an end to his habit, but same like De Quincey – failed, and as a result spent the last twenty years of his life living with a doctor who controlled his addiction (Foxcroft, 2007: 33).

Nevertheless, unlike De Quincey, Coleridge cursed opium and his own addiction. His craving for opium, he claimed on several occasions, was provoked “by terror and cowardice of pain and sudden death, not by temptation of pleasure, or expectation or desire of exciting pleasurable sensations” (Hayter, 2009: 31).

Coleridge was convinced for a long time that opium hadn’t influenced his dreams, and admitted only in 1814 that the poem The Pains of Sleep, written in 1803, represented “the exact and most faithful portraiture of the state of my mind under influence of opium” (Hayter, 199). This poem, without a shadow of a doubt, illustrates the horrors of opium dream during the advanced phase of addiction or during the period of weaning off the drug: “The third night, when my own loud scream/ Had waked me from my fiendish dream,/ O’ercome with sufferings strange and wild,/ I wept as I had been a child” (Coleridge, 2003: 283).

A few of Coleridge’s poems are supposedly the product of his opium addiction, among them his major work The Ancient Mariner and Christabel.  However, because of the disagreement among the researches regarding the problem of the manifestation of opium in these specific poems, I will engage in the analysis of the presence of opium solely in Kubla Khan, simply because it is firmly believed by many authors that opium must have played some part in the genesis of this poem.

4.1. Opium in Kubla Khan

Kubla Khan initiated numerous polemics concerning the response to the question: did opium, and to what degree, participate in the composing of the poem? It’s difficult to offer a final answer, if we bear in mind Coleridge’s words: “I have in this one dirty business of Laudanum a hundred times deceived, tricked, nay actively and consciously lied” (Hayter, 2009: 195). Now, this statement raises another controversy: did Coleridge, and to what extent, exaggerate or lie in his preface to the poem?

In the preface from 1816, the poet asserted that, shortly before he fell asleep, he had been reading Purchas’s Pilgrimage, a book that tells a story of Kubla Khan who decreed a palace to be built. The poem originated precisely in this deep, three-hour-long sleep, during which the poetic images appeared before the poet as things, followed by a parallel creation of an adequate poetic expression. After he had woken up, the poet began to write down the verses he could recall, but was suddenly interrupted by another affair. When he returned to his desk and attempted to continue his work, the inspiration was gone: now, he could only vaguely remember some general features of the dream.

M. H. Abrams, E. Schneider and A. Hayter, distinguished researches on the subject of opium and Romanticism, clash with one another in clarifying the problem of opium influence on Kubla Khan. Schneider excludes opium as a possible imagination-booster for this poem, contrary to Abrams. Hayter, on the other hand, asserts that the poem is most likely only inspired by Purchas’s Pilgrimage and believes that Coleridge didn’t have a dream experience, but rather deduced his inspiration from a reverie. She derives arguments for her statement from Coleridge’s text published together with Kubla Khan, before 1816, where the poet wrote that the poem was “[...] composed in a sort of reverie brought on by two grains of opium” (Hayter, 2009: 215). Moreover, Hayter stresses that only a rough sketch of the poem (not the whole verses) could originate in such a reverie, because firstly – Coleridge seldom dreamt of landscapes (depicted in the poem) and secondly – the patterns of images and sounds in this poem are too polished to be regarded as a product of a dream or of a reverie (Hayter, 2009: 223).

Abrams considers that Kubla Khan could have been influenced by opium visions in two aspects: 1) in dilatation and interweaving of spaces (the river emerges as a mighty fountain, then transforms itself into a meandering stream and afterwards dilates itself into a vast primordial river that descends into a cave) and 2) in equating the last two verses “For he on honey-dew hath fed/ And drunk the milk of Paradise” (Coleridge, 2003: 146-147) with opium-eating and laudanum-drinking (Abrams, 1971: 46-47).

5. Conclusion

It is now ascertained that some writers were engaged in opium-eating during the 18th and the 19th century; nonetheless, many debates regarding the importance of opium for their literature have arisen. The process of determining if the opium visions had penetrated their writings is hindered by the fact that opium was a writing theme for many writers that weren’t addicted to it: such is the case of Edgar Allan Poe, who was never proved to have been an opium beneficiary (Hayter, 2009: 132). Therefore, it is impossible to certify if the opium references in someone’s writings stem from their personal experience or from the fashion of the era. The biographical facts about writers have already been depleted, hence the experts oftentimes look for corroboration of their statements in the lines of a poem. These untrustworthy pieces of evidence can easily be refuted with a different interpretation of a certain verse, thus the theme of the influence of opium on Romantic imagination remains open for discussion.

Bibliography:

1. Abrams, Meyer Howard. The Milk of Paradise. New York: Octagon Books, 1971. PDF
2. Coleridge, Samuel Taylor. “Kubla Khan.” Lyrical Ballads and Other Poems. Hertfordshire: Wordsworth Editions Limited, 2003.
3. Coleridge, Samuel Taylor. “The Pains of Sleep.” Lyrical Ballads and Other Poems. Hertfordshire: Wordsworth Editions Limited, 2003. pp. 283-83.
4. De Quincey, Thomas. Confessions of an English Opium-Eater. The Pennsylvania State University, 2004. PDF
5. Foxcroft, Louise. The Making of Addiction: The Use and Abuse of Opium in Nineteenth-Century Britain. Hampshire: Ashgate, 2007. PDF
6. Hayter, Alethea. Opium and the Romantic Imagination. London: Faber and Faber, 2009.

Dedicated to Brana Miladinov, an inspirational teacher who introduced me to English Romanticism.

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El realismo mágico y el realismo fantástico en el cine hispanoamericano

       El realismo mágico y el realismo fantástico son géneros literarios que tuvieron gran éxito en América latina. Se basan en la presentación de lo insólito y surreal: de fantasmas, desapariciones, milagros, talentos extraordinarios y ambiente raro (Bowers, 2005: 19). La diferencia esencial entre estos dos géneros es el hecho que el realismo mágico revela las cosas excepcionales como un parte normal de la vida cotidiana, mientras que en el realismo fantástico la presencia de lo extraordinario atrae la atención del lector, o sea el lector lo ve como algo problemático (Bowers, 2005: 25).

         El norte (Gregori Nava, 1983) es una película hispanoamericana impregnada de los eleméntos del realismo mágico. Habla de los hermanos Enrique y Rosa, cuyos padres fallecieron en el masacre en Guatemala, por lo que los hermanos deciden irse a los EEUU en búsqueda de vida mejor. En la película, Rosa se encuentra con las almas de sus padres muertos y comunica con estas, lo que está mostrado como una cosa natural y normal. En una escena, Rosa habla en la lengua maya con las almas de dos mujeres viejas, que entonces desaparecen. En la otra, las almas de los padres están representadas a través de los antiguos mitos de los mayas: 1) mediante la figura de ciervo, que en la cultura maya se cree un animal sacro y 2) en forma de las flores cortadas, que en la mitología maya y azteca representan el símbolo de los espíritus muertos (Hart, 2004: 104).

          La película Como agua para chocolate (Alfonso Arau, 1992) está basada en la novela famosa de Laura Esquivel. Fue dirigida por Alfonso Arau, el marido de Laura, quien intentó transmitir con verosimilitud los elementos del realismo mágico empleados en el novela. Como agua para chocolate retrata el destino de Tita, una chica joven de Méjico a los principios del siglo XX, que (a causa de diferentes obstáculos) no logra casarse con Pedro, su amado. Después de una serie de peripecias, la película termina con la unión amorosa de Tita y Pedro, la pareja que muere en seguida. Todos los sucesos raros están representados como aconcentimientos cotidianos. Hay varios episodios mágicos; en la primera, las lágrimas de Tita (causadas por la boda de Pedro y Rosaura) caen en la tarta de boda, que a consecuencia adquiere un efecto mágico. A todos los invitados que la comen les viene una oleada de pasión y unos recuerdos de sus amores verdaderos perdidos, por lo que empiezan a sollozar de una manera incontrolable. En el siguiente episodio, apretando las rosas que Pedro le regaló contra su cuerpo, Tita consique derramar su propia sangre. Por casualidad, la sangre gotea en la comida, que debido a eso empieza a afectar a la gente como afrodisíaco. Es inolvidable la escena mágicorealista en la que la hermana de Tita literalmente arde de pasión en ducha. El realismo mágico aparece también en los momentos finales de la historia: Tita decide a seguir Pedro en la muerte, lo que consigue comiéndose las mechas (o sea, quemándose a si misma).

      El realismo mágico tambien está presente en la película de la directora Claudia Llosa. Su debut Madeinusa (2006) trata el costumbre de un pueblo peruano isolado, cuyos habitantes creen que entre el Viernes Santo y la Pascua el Dios no existe, por lo tanto es permitido hacer pecados. La película La teta asustada (2010) habla de la enfermedad que roba el hombre de su alma. Según la historia, los bebés adquieren esta enfermedad a través de la leche de su madre.

     La tecnología avanzada y los efectos speciales han dado a los directores contemporáneos mucha libertad en cuanto a la representación de las creaturas irreales y la escenografía extraordinaria, debido a que se ha allanado el camino a las películas suntuosas, repletas de elementos del realismo fantástico. En la cinematografía hispanoamericana, el realismo fantástico tiene el mayor papel en las películas del director mejicano Guillermo del Toro – El espinazo de diablo (2001) y El laberinto de Fauno (2006). La historia de Espinazo de diablo se desarolla en el último año de la Guerra civil española y habla de un orfanato donde suceden eventos espantosos y trágicos. El autor de los actos horrorosos es el ladrón y asesino joven llamado Jacinto, que al fin muere. La trama de la película inicia con la aparición de la fantasma de un niño muerto, que habla con el resto de los niños y que al fin les lleva a su asesino, Jacinto. La presencia del fantasma del niño no está tratada como una realidad cotidiana, como fue el caso con el realismo mágico; al contrario – los niños están atterorizados por la aparición del niño muerto, mientras que los mayores creen que el fantasma es solo una fantasía, un ensueño de los niños.

           La historia del Laberinto del Fauno está colocada en el año 1944 y representa una mezcla del mundo real de la España de Franco y del mundo irreal, mágico y fantástico, en el que entra la niña Ofelia. En el mundo de “fantasía” Ofelia conoce a creaturas insólitas y mágicas, incluso al Fauno, que vive en el laberinto antiguo cerca de su casa. El Fauno revela a Ofelia que ella es una princesa y le exige que cumpla ciertas misiones para que se reúna con su padre en el reino. Ofelia cumple dos tareas: saca el clave del estómago de una rana gigantesca y llega a obtener el puñal de la guarida del Hombre Pálido. Para cumplir la tercera misión, Ofelia debe entregar a Fauno la sangre inocente de su hermanito, el requerimiento que ella rechaza. Mientras ella habla con el Fauno, viene su padrastro Vidal, a quien le parece que Ofelia conversa con si misma. Él dispara a Ofelia y por lo tanto derrama la sangre inocente. De esta manera, se ofrece a los espectadores que deducen individualmente lo que verdaderamente pasó: es posible que el mundo de Ofelia haya sido solo el producto de su imaginación, pero también puede ser que Ofelia al fin se haya convertido en una princesa.

       El realismo fantástico también existe en el cine hispanoamericano de décadas anteriores, como por ejemplo en la película argentina Nazareno cruz y el lobo (Leonardo Favio, 1975). Los elementos del realismo fantástico se reflejan aquí en la aparición del Diablo, en el cambio del joven Nazareno Cruz al lobo, o en la transformación de la padrina del Diablo en diferentes animales – en el burro, la gallina o el perro. Las apariencias de las creaturas irreales y las metamorfosis no forman parte de lo cotidiano; al contrario – son eventos que sorprenden a Nazareno y que siembran el miedo en el pueblo.

    Además, es importante mencionar el gran director chileno, Alejandro Jodorowsky. Las películas de Jodorowsky son célebres por los elementos fantásticos y surreales entrelazados. Las más destacadas son Fando y Lis (1968), El topo (1970), The Holy Mountain (1973) y Santa sangre (1989).

Bibliografía:
Bowers, Maggie Ann. Magic(al) Realism. London: Routledge, 2005.
Hart, Stephen. A Companion to Latin American Film. Woodbridge: Tamesis Books, 2004.

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